5 mujeres artistas que -literalmente- murieron de amor

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El amor no correspondido y las infidelidades fueron algunas de las causas que llevaron a grandes escritoras, pintoras y escultoras a ver en el suicidio su único remedio para ya no sufrir.

Enseguida te contamos cinco historias de mujeres que la pasaron muy (muy) mal.

Antonieta Rivas Mercado

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Luego de un divorcio y de algunos romances, la poeta Antonieta volvió a encontrar el amor en los brazos de José Vasconcelos (icono de la nueva generación del pensamiento post-revolucionario).

Pero, no le fue tan bien con él. A pesar de que ella lo había apoyado durante su elección contra Plutarco Elías Calles (la cual perdió), Vasconcelos al final le dijo que no estaba tan enamorado.

¿Cómo lo tomó? Muy mal. Esta decepción, más la persecución de su ex marido (quien buscaba la patria potestad de su hijo), la llevaron a hacer lo peor: vestida de seda negra, con un sombrero negro, y con el arma que siempre cargaba Vasconcelos, Antonieta se dirigió a la catedral de Notre Dame en París, donde desenfundó la pistola y se disparó directo al corazón.

Sylvia Plath

Tras difíciles experiencias en el amor, Sylvia (autora de La Campana de Cristal) se enamoró del poeta Ted Hughes. Con él inició una relación tomentosa y tuvo dos hijos: Frieda y Nick. Sin embargo,  ser la sombra de su esposo y dejar su pasión por la literatura para convertirse en un ama de casa, la llevó a decidir su muerte.

Un día,  Sylvia despertó, hizo el desayuno para sus hijos y después de habérselos entregado en su cuarto cerró la puerta la de la cocina, tapó todos los huecos y abrió la llave del gas del horno para meter su cabeza y morir.

Assia Wevill

Se dice que una de las causas de la muerte de Sylvia (la escritora de arriba) fue el amorío de Ted con Assia.

Tras cumplir su cometido (“Voy a seducir a Ted”), Assia vivió todo un tormento: la hostilidad que la rodeaba por la muerte de Plath  la hizo sentir acorralada y tener muchos problemas dentro de su relación con el poeta.

La vida no fue fácil a lado de Ted, mucho menos cuando él le fue infiel con Carol Orchard, una enfermera con la que se casó en 1970. Tal hecho  provocó el suicidio de Assia.

Luego de colgar con su amado, tomó  somníferos, bebió whisky, fue por su hija Shura y, por último, abrió la llave del gas de un horno.

Margarita Gil Roësset

Ella era una escultora. Cuando conoció a Juan Ramón Jiménez, durante un recital de ópera en 1932, de inmediato se enamoró.

Tristemente, no fue correspondida, pues él (con 51 años de edad) estaba casado con Zenobia Camprubí.   Al final, esta situación llevó a Margarita a dispararse en la sien a los 24 años. 

Sobre ella, el autor de El platero y yo escribió: “Si pensaste al morir que ibas a ser bien recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te olvidaré nunca”.

Jeanne Hébuterne

Al llegar a Montparnasse, Modigliani y su esposa de 19 años, Jeanne, se instalaron en una habitación bastante precaria.  Modigliani, con el tiempo fue abusando de las drogas y el alcohol, lo cual hizo que su salud física y psíquica empeoraran.

Como si fueran Romeo y Julieta, Modigliani se dejó morir y Jeanne hizo lo mismo, al grado que ni siquiera  comía. El pintor murió a los 35 años de edad. Jeanne, embarazada de 8 meses y abatida por el dolor, se suicidó lanzándose del quinto piso de la casa de su padre. 

Hoy, ambos descansan en el mismo lugar.