Consejos para reducir el consumo de sal

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Reducir la ingesta a la mitad es una tarea ardua ya que nuestro gusto se tiene que “quitar la idea” de que un alimento es rico solo si es salado.

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Existen algunas medidas que podemos poner en práctica para consumir cada vez menos sal:

1. Reemplaza con especias y condimentos

Existe una gran variedad de hierbas aromáticas y especias en polvo que nos pueden servir para realzar los sabores de nuestros alimentos.

No hace falta echarle sal a una comida que tiene vinagre, limón o aceite de oliva. Tampoco si le ponemos comino, cúrcuma, pimienta, orégano o albahaca.

Busca las diferentes combinaciones de especias y condimentos que más te gusten, pero no caigas en el error de agregarle mayonesa o similares, porque también tienen mucha sal.

Lo mejor son las hierbas, secas o frescas. ¡Haz la prueba!

2. Lee las etiquetas de los productos

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Te asombrará saber la cantidad de sodio que contienen los alimentos que consumes habitualmente y que compras en el supermercado.

Incluso aquellos productos que no deberían tener sal (como, por ejemplo, los copos de maíz) lo añaden en su composición. Es fundamental prestar atención a las etiquetas antes de colocarlo en el carro de la compra.

3. No pongas el salero en la mesa

Es una costumbre muy arraigada y por ello te llevará tiempo cambiarla. Tener el salero a la vista es perjudicial, ya que se trata de un estímulo para nuestro cerebro.

Probamos un bocado e inmediatamente le echamos sal. Incluso algunas personas esparcen estos granitos blancos antes de degustar la comida.

Si ya le has puesto durante el proceso de cocción, deja la sal en la cocina y no sobre la mesa. Así evitarás la tentación.

Por otra parte, te aconsejamos usar un salero que tenga agujeros pequeños. Quizás esto puede parecer algo insignificante, pero cambia bastante nuestro contacto con la sal.

Si el recipiente tiene hoyos muy grandes, de un solo “golpe de puño” el plato se llenará de sal. En cambio, si tienes que hacer un esfuerzo superior para salar la comida, quizás desistas antes de que sea tarde.

4. Prepara tus comidas

Los alimentos manufacturados y procesados, así como también aquellas comidas que pedimos a domicilio no pueden definirse como “sanos”.

En vez de optar por paquetes que se congelan y se cocinan en el microondas o pedir una pizza cada viernes sería mejor que preparases tus alimentos.

Además de tratarse de un acto de amor para contigo y quienes te rodean, podrás regular la cantidad de sal que lleva cada platillo.

¡No hay nada como una deliciosa comida casera!

5. Disminuye de a poco el consumo de sal

Uno de los problemas habituales entre los adultos es que, cuando el médico les dice “no más sal”, el cambio debe ser demasiado brusco y por eso es difícil acostumbrarse.

Pasar de echarle sal a todo a comer sin siquiera una pizca es como el día y la noche. Lo mejor es ir disminuyendo de a poco.

Por ejemplo, podemos tener el objetivo de reducir cada semana 0,5 gramos.

6. Presta atención a las ingestas entre comidas

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Una de las principales fuentes de sodio en la actualidad son las patatas fritas (y todo tipo de snacks y aperitivos) así como también los embutidos y fiambres.

La mala noticia es que forma parte de nuestra cultura consumirlos antes de la cena o en una reunión con amigos.

No obstante, puedes reemplazar estos bocadillos con otros más sanos y menos salados como ,por ejemplo, bastones de zanahoria o de apio con paté de garbanzos (hummus) o trocitos de queso sin sal.

Otros consejos para reducir el consumo de sal que te pueden servir:

  • No compres salsas ya elaboradas.
  • Evita las carnes cocinadas a la sal.
  • Come alimentos frescos.
  • Cocina al vapor, sin sal adicional.
  • Elige sal marina o baja en sodio.