Desarrollo del parto en el agua


Te enseñamos cómo se desarrolla, las claves para poder elegir esta opción y todo lo que debes saber a la hora de prepararte para dar a luz a tu pequeño en el agua.

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Si quieres dilatar o dar a luz en el agua, lo primero que has de hacer es preguntar si existe esta posibilidad en el hospital que elijas. Ten en cuenta que en algunos centros sólo hay una bañera y, aunque puedes pedirla con anterioridad, puede que no esté libre cuando te pongas de parto.

“Nosotros, en las charlas que damos a las futuras mamás, les explicamos cómo usar la ducha si la bañera está ocupada”, dice Paula Pita.

Si al final utilizas la bañera, lo más corriente es que tu parto siga varias fases.

La admisión para el parto

Comprobarán tu edad gestacional (no se recomienda antes de la semana 36-37 de embarazo), que la dilatación se haya iniciado, que tanto tú como el bebé os encontráis bien y que no se prevé usar instrumental para resolver el parto.

La dilatación en el agua

“Lo ideal es que entres en la bañera cuando tengas una dilatación de 5 o 6 cm –explica Enrique Lebrero, ginecólogo de la maternidad Acuario–, ya que no debes estar más de 90 minutos dentro del agua. No obstante, si el parto se prolonga, siempre puedes salir y volver a entrar más tarde.”

El agua tiene que estar a 37 ºC, ya que más caliente podría provocarte una hipotensión o una taquicardia y si está más fría no te ayuda a relajarte.

En cuanto a la profundidad, varía según la bañera, pero lo ideal es que la mujer esté sumergida hasta el pecho:

“Si hay menos agua las contracciones pueden disminuir”, explica el doctor Lebrero. Además, mientras estés en la bañera te pedirán que bebas agua o zumo para estimular la producción de oxitocina, que de lo contrario bajaría tras la primera media hora de inmersión.

Para asegurarse de que el bebé se encuentra bien, la matrona llevará a cabo una monitorización en ventana o intermitente: “Usamos un monitor telemétrico sin cables cada 40 minutos durante 20 minutos. Y si al final la mujer decide parir en el agua, lo utilizamos cada cinco minutos o después de cada contracción”, dice Paula Pita.

La expulsión en este tipo de parto

Con 10 centímetros de dilatación, y si los facultativos opinan que la evolución del parto está siendo buena, te dejarán elegir entre dar a luz en la bañera o fuera.

Puedes pedir que te pongan una silla de parto en el agua; algunas mujeres encuentran más efectiva esta posición para empujar.
“Alrededor del 20% de las mujeres que han dilatado en la piscina deciden terminar el parto en ella; el resto se salen en la última fase”, explica Enrique Lebrero.

Si tu bebé nace en la bañera, no te preocupes, no va a tragar agua. Al salir, aún respira por el cordón umbilical, no por los pulmones. Y cuando éstos ya funcionan, existe en el recién nacido un reflejo de apnea, que bloquea la glotis cuando el bebé nota el agua en su boquita.

Después de nacer lo colocarán sobre tu pecho y cortarán el cordón umbilical en los siguientes cuatro minutos, aunque aún siga latiendo, ya que la temperatura del agua impide el colapso espontáneo del cordón y si se espera más tiempo, el recién nacido puede sufrir una policitemia (aumento de glóbulos rojos).

El alumbramiento

La expulsión de la placenta se recomienda hacerla fuera del agua para evitar el riesgo de embolias, “pero si vemos que va a salir enseguida, dejamos que la expulse en la bañera y se salga después”, explica la matrona Paula Pita.

Requisitos para el parto en el agua

Deberás estar a término y que no te hayan diagnosticado alguna complicación que pueda comprometer el parto natural (placenta previa, bebé de bajo peso, posición fetal inadecuada…).

Sin embargo, su uso sí está indicado en mujeres que hayan tenido antes partos prolongados y en primerizas maduras, en las que se prevé una dilatación larga.

Parto en el agua en casa

Para dilatar o dar a luz en una bañera no es siempre necesario acudir a un centro sanitario, también lo puedes hacer en tu propia casa si el parto se prevé sin complicaciones.

Para ello se puede utilizar la bañera normal (previamente esterilizada) o una de plástico redonda, de más profundidad, que puedes adquirir en cualquier gran supermercado. Lo bueno de este tipo de piletas es que, al ser más grandes que la bañera normal, la pareja también se puede introducir en ella y formar parte activa del parto.

Con la asistencia de una comadrona o comadrón profesional y la posibilidad de trasladarse a un hospital en caso de emergencia, estos partos en casa son hoy bastante seguros y lo normal es que se resuelvan sin complicaciones.

En todo caso, ya sea en casa o en una clínica, el parto en el agua ya no es una excentricidad, sino una opción posible que cada vez gana más adeptos.