Formas de dejar de darle vueltas a un pensamiento

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Darle vueltas a un pensamiento es algo que todos hemos hecho en alguna ocasión. No poder dejar de rumiar sobre una ruptura, algo que hemos dicho, aquello que nos ocurrió en el trabajo…

Estos pensamientos que denominaremos obsesivos tienen mucho que ver con una “no superación” de lo que ha ocurrido en el pasado, que puede ser inmediato o no.

Liberarnos de estos pensamientos es algo complicado, pero no imposible.

Por eso, hoy brindaremos algunos consejos para deshacernos de esos pensamientos obsesivos que nos limitan y nos impiden disfrutar de la vida.

Dejar de darle vueltas a un pensamiento

Empieza moviéndote

La mejor forma de dejar de darle vueltas a un pensamiento es salir de donde estemos. Muchas veces, caminar, si es posible, por la naturaleza, es una muy buena opción.

No es imprescindible que vayamos acompañados, solos es mucho mejor. De esta manera, permitiremos que esos pensamientos fluyan, que vengan a nuestra mente y que se liberen.

Caminar nos permitirá aclarar nuestros pensamientos y ver con perspectiva todo eso que aborda nuestra mente y que no tiene sentido seguir rumiando, porque ¿acaso tiene solución alguna?

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La inutilidad de los pensamientos

Como bien decíamos, cuando le damos vueltas a un pensamiento es que este no tiene salida posible. Sin embargo, como nos afecta, lo retenemos, lo atrapamos y lo masticamos una y otra vez.

Darle vueltas a un pensamiento nos generará mucha ansiedad que se irá acrecentando, pues nos quedamos pensando sobre algo que mantenemos bien presente cuando, en realidad, ha quedado atrás.

Es una manera de sufrir, de hacernos daño y de no caminar hacia adelante. Por eso, reflexionar sobre para qué sirve lo que estoy pensando al mismo tiempo que caminamos nos puede indicar, claramente, la salida.

¿Hacemos lo que nos gusta?

Darle vueltas a un pensamiento tiene consecuencias devastadoras. De repente, no disfrutamos de lo que hacemos, tampoco le dedicamos tiempo a lo que nos gusta y empezamos a encerrarnos en nosotros mismos.

Sin darnos cuenta, nos encerramos en nuestra zona de confort y ahí nos quedamos atrapados en nuestra propia mente.

Para empezar a salir de este círculo vicioso es importante salir a caminar y, después, pensar en lo que nos gusta y hacerlo sin miramientos.

Pensemos que mañana no tendremos oportunidad alguna, que tiene que ser hoy mismo.

Ir a un museo, al cine, a una fiesta, salir con los amigos, ¡lo que sea! Pero no lo posterguemos. De esta manera, empezaremos a disfrutar otra vez de la vida.

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Pidamos ayuda

Si nos está costando mucho esfuerzo salir de esto, quizás sea porque tenemos algún tipo de problema mayor, como una dependencia, por ejemplo.

Pedir ayuda nunca está de más y así nos aseguraremos de hacerle un chequeo a nuestra mente, que lo necesita al igual que nuestra salud física.

Puede que descubramos carencias u otro tipo de problemas que no creíamos tener y que nos están afectando.

No es una tontería pensar en pedir ayuda si darle vueltas a un pensamiento nos impide levantarnos de la cama, trabajar, ser productivos y disfrutar de la vida.

La mente no es algo fácil de dominar. De hecho, cuanto más control queremos ejercer sobre las ideas que por ella aparecen, más descontrol surge de todo esto.

Es importante que nos demos cuenta de qué nos quiere decir, de su finalidad y de su utilidad.

Y es que la mayoría de estos pensamientos solo tienen un objetivo: hacernos sufrir más.