Harambe, el gorila asesinado en el zoológico

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En el zoológico de Cincinnati, Estados Unidos, vivía hasta hace pocos días un gorila de espalda plateada llamada Harambe.

Harambe no tenía la vida en la naturaleza que debería tener: estaba limitado al espacio de una jaula con una fosa y allí pasaba sus días, mientras turistas y visitantes se acercaban a observarlo, como sucede con miles de animales que están atrapados en zoológicos de todo el mundo.

Gorila de zoo

Pero como si el cautiverio no fuera de por sí una tragedia, la vida de Harambe tuvo un terrible final. Fue ejecutado de un disparo, luego de que un niño pequeño se metiera en su jaula por irresponsabilidad del zoológico.

Ésta no es la primera vez que sucede algo parecido. Hace pocos días fueron fusilados dos leones en el Zoológico de Santiago de Chile siguiendo el protocolo que llama a sacrificarlos si la vida de una persona corre peligro. El hombre se había metido intencionalmente en la jaula, buscando suicidarse.

En el caso del gorila, un niño de 3 años se introdujo en la jaula y cayó en una fosa con agua. El gorila, de 17 años y 180 kilos, no intentó hacerle daño. En las imágenes que luego se difundieron, se ve cómo incluso intenta ayudar al pequeño a levantarse. Pero por su tamaño, podría haber aplastado al niño. Por eso, los encargados del zoológico le dispararon.

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Cuando la historia se difundió en los medios de comunicación, muchos se preguntaron por qué no se utilizó un dardo tranquilizante. El zoológico explicó que tardan demasiado en hacer efecto, por eso en esos casos se opta por una muerte instantánea.

Algo que resulta llamativo, además, es el modo en el que muchos medios titularon la noticia: “Un niño de tres años sobrevive tras caer en la jaula de un gorila” o “Matan a un gorila para salvar a un niño”, destacando la acción de quienes rescataron al pequeño, pero sin decir nada sobre la negligencia del zoológico de no darse cuenta de que el niño ingresaba a la jaula, y mucho menos, sobre la crueldad que implica que los animales vivan encerrados.

Estas historias demuestran algo que es una verdad inocultable: los zoológicos no deberían existir. Son peligrosos para todos, tanto animales como humanos, y no es posible para ellos proteger a los animales que están en cautiverio, quienes además, no tienen porqué estar encerrados y tienen derecho a vivir en libertad.