Mi suegra es un bicho raro

Si quieres una suegra respetuosa, empieza por ser una persona educada tú también. Como nos enseñaron desde chiquitas, las personas mayores merecen nuestro respeto

Yo sabía que las suegras son metiches, imprudentes, criticonas, groseras, impositivas, manipuladoras, hipócritas y en general, conflictivas. También sabía que las hay chantajistas, hipocondríacas, flojas, comodinas y hasta abusivas.

No en balde hay todo un estereotipo negativo en torno a esta figura social. Ahora, que quede bien claro algo. Empecé este texto diciendo “yo sabía”, porque la mía no es así. Por eso afirmo que es un bicho raro. Mi suegra es un encanto y estoy muy agradecida por ello. Con la vida y con ella, porque no todo es cuestión de suerte. Ella tiene la mayor parte del mérito en que tengamos una muy buena relación.

“Tengo la mejor suegra del mundo” suelo presumir, y mi hipótesis es que el orden del universo compensó mi orfandad de madre para ayudarme a sobrevivir esta epopeya que es la maternidad- y también, ¿por qué no decirlo?, el matrimonio.

Podría describirles todas sus virtudes y contarles todo lo que ha hecho por mí y por mi “nueva” familia, cómo todo el mundo la adora y me recuerdan lo afortunada que soy, pero mejor me centraré en analizar por qué generalmente la relación con la mamá del marido es tan complicada.

Es común que la nuera y la suegra no se lleven bien por uno o varios de los siguiente motivos:

1- El choque de “culturas” – Podemos ser del mismo país, de la misma ciudad y hasta de la misma clase social. Sin embargo, los valores y costumbres suelen ser cambiantes de familia en familia, y los tuyos no necesariamente son los que le enseñaron a ella.

2- El choque generacional – Es altamente probable que sus ideas y prácticas no sean ni remotamente parecidas a las tuyas, y ella se siente con derecho a imponerse por su edad, y tú, por la tuya, a defender tus ideas.

3- El enfrentamiento de dos representantes del género femenino que se disputan el amor de un hombre – Es decir, su hijo, que es tu marido. ¿Así o más claro?

Yo creo firmemente en que las suegras merecen respeto por el simple hecho de ser personas mayores y además por ser las madres del hombre que amamos (idealmente).

Las que son mamás de niños, ¿se han puesto a pensar lo que les espera cuando sus querubines lleguen con el amor de su vida y que tengan que convivir de manera cercana con ella, les caiga bien o no, se porte bien con ustedes o no? Es algo que, debo admitir, a mí me preocupa bastante. He escuchado unas historias dignas de cuentos de terror. Esto es, historias de suegras que se quejan de sus nueras del infierno, mujeres jóvenes que a pesar de tener más de 30, son inmaduras, irreverentes y bastante altaneras.

Sin embargo siempre recuerdo que tengo la mejor escuela para hacer que la relación con mi futura(s) nuera(s) funcionen decentemente, y es que al final, ni mi suegra ni yo somos las mejores personas del mundo. Simplemente hemos sabido respetarnos y nos hemos ido conociendo hasta llegar a querernos. ¿Qué no se debería tratar de eso?

Mientras preparaba mentalmente este texto, se cruzó en mi camino una antigua leyenda china que habla justamente de la relación de una nuera y su suegra.

Hace mucho tiempo en China, había una joven llamada Lin, que se casó y que como se usaba allá, se fue a vivir con su marido a casa de sus suegros.

Desde el primer día fue obvio que Lin y su suegra no se llevaban bien. La mujer mayor nunca estaba satisfecha con nada de lo que hacía Lin. La criticaba constantemente, generalmente en presencia de su esposo y de otros miembros de su familia. Conforme pasó el tiempo, la situación se puso peor. Lin sufría mucho pero no podía hacer nada, pues la tradición China dice que una mujer casada debe obedecer ciegamente a su suegra.

Un día no pudo más, así que fue a visitar a un amigo de su papá, el Maestro Huang, para pedirle consejo. El Maestro Huang tenía la reputación de ser un hombre muy sabio. “Mi suegra es un monstruo”, dijo, “Me odia, me trata como basura, por favor ayúdeme Maestro Huang!”.

El hombre se internó en un cuarto oscuro de su casa por un momento y regresó con una pequeña bolsa en sus manos. Se la dio a Lin y le dijo: “Toma. Aquí hay una hierbas muy venenosas. Debes ponerlas en la comida de tu suegra, pero ¡cuidado! No las uses todas de una vez. Si haces eso, morirá de inmediato y todo el mundo sabrá que fuiste tú. Debes poner un poco en su comida cada tercer día. De esta manera, después de unos días se empezará a sentir enferma y después morirá. Esto parecerá natural y nadie sospechará de ti. También debes ser amable con ella. Obedécela, ignora sus insultos y sus críticas y trátala tan bien como puedas. Esto es importante. Debes evitar a toda costa levantar sospechas en tu contra, ¿entendiste?”.

Ella movió su cabeza de arriba a abajo y se fue con las hierbas venenosas.

En cuanto llegó a su casa se puso a trabajar. Preparó una comida especial y puso un poco de las hierbas en el plato de su suegra.

Así continuó por varios días. Cada tercer día hacía un platillo especial para la vieja mujer y ponía un poco de las hierbas en él y, por supuesto, como se lo sugirió el Maestro Huang, siempre se portaba muy amable con ella.

Entonces, algo inesperado sucedió.

La suegra dejó de criticar a Lin. Se volvió linda y buena con ella como si de hecho fuera su madre y aún mejor.

Lin empezó a pasársela bien con ella y empezó a dudar de su plan de matarla.

Fue corriendo con el Maestro Huang y le dijo: “Mi suegra ha cambiado. Se volvió un verdadero ángel. Es tan buena conmigo. Nos la pasamos tan bien juntas. Ya no quiero que muera. Por favor, Maestro, ayúdeme a salvarla. Déme un antídoto”.

El Maestro sonrió y le dijo: “No fue tu suegra la que cambió sino tú. Tú cambiaste primero y por eso ves las cosas de manera distinta. Al ser amable con ella, le diste la oportunidad de ser buena contigo. No te preocupes por las hierbas. Ellas solo contienen vitaminas. Tu suegra no se va a morir. De hecho, las vitaminas en ella la hicieron más sana que antes. Ve a casa y no lo olvides: siempre trata a los demás como te gustaría que te traten”.

Se dice que Lin vivió felizmente con la familia de su esposo y que su suegra y ella se convirtieron en las mejores amigas y que ambas murieron de avanzada edad.

Esta leyenda se cuenta para mostrar el poder de las intenciones y la ley de la atracción, pero además me resulta el ejemplo perfecto para la conclusión a la que quiero llegar.

Si quieres una suegra respetuosa, empieza por ser una persona educada tú también. Como nos enseñaron desde chiquitas, las personas mayores merecen nuestro respeto, y no es por sonar sumisa ni anticuada, pero las nueras somos las que debemos “hacer méritos” y además estar dispuestas a aprender algo de ellas. Si bien esto no quiere decir que acates órdenes sin cuestionarlas, ni que hagas algo que no te guste (sobre todo en la crianza de los hijos) sí es recomendable mantener una mente abierta cuando ella nos dice algo.