No existe mejor calmante que el abrazo que te rompe los miedos

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Qué bonito es sentir un abrazo que nos llena de los pies a la cabeza, que nos enciende la bombilla, que nos hace cerrar los ojos, sentirnos en una nube y que nos completa en lo más profundo de nuestro ser.

¿Por qué? Porque un abrazo es un gesto que rompe miedos, que recompone, que construye vínculos, que relaja y ayuda a mantener la calma. La calidez que transmitimos a través de un abrazo sincero es comparable al calor del hogar porque, al fin y al cabo, se trata de sentir que estás en casa, en una de carne y hueso.

Un abrazo, la mejor medicina para los dolores del alma

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Sea lo que sea lo que nos ocurra, sentir el calor de alguien a quien apreciamos a través de un abrazo es esencial para nuestra mejora en un mal momento y la consecución de nuestro bienestar. Algo muy simple, pero que a veces es complicado de encontrar.

“Un pequeño abrazo puede secar muchas lágrimas, una pequeña palabra llena de amor puede colmarnos de felicidad y una pequeña sonrisa puede cambiar el mundo. Son esas pequeñas cosas las que construyen nuestro mundo llenándolo de paz y de amor…”

El abrazo es un super poder que todos poseemos, un gran remedio de sanación para los dolores de un alma rota por una realidad difícil, por un desengaño, un abandono o una traición.

Por eso, siempre que podamos, debemos hacer uso del mejor ansiolítico a nuestro alcance, un deleite del amor, un conjuro, un encuentro entre dos cuerpos que se profesan cariño, compañía y calor.

Los abrazos que rompen todos nuestros miedos

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Hay una verdad en la que dos almas se abrazan y se ofrecen seguridad para hacer frente a los obstáculos, para promover una gran fuerza ante la vida, para asentar las bases sólidas de nuestras sonrisas.

Esos abrazos que nos ayudan a decirle a la adversidad que no va a poder con nosotros, que nos alejan de la soledad y que nos llenan de alegría. Esos achuchones que se dan con tanta fuerza que parece que quieren rompernos pero que, en realidad, nos están recomponiendo.

Sin duda, el abrazo es una conexión especial que ofrece al tiempo la sintonía que lo detiene, que transmite el mensaje que sana, que es la mejor terapia para renovar los sentimientos, calmar las emociones y comunicarnos con los demás y con nosotros mismos.

Fundir nuestros cuerpos en un abrazo nos ayuda a ser más pacientes, a relajarnos y a sentirnos queridos, lo cual contribuye al fortalecimiento de nuestra autoestima, de nuestro amor propio y de nuestra capacidad de resistir ante las dificultades y los miedos.

Abrázate, es imprescindible para sobrevivir

¿Has aliviado tus tristezas alguna vez a través de un autoabrazo? ¿Te has dado calor? ¿Te has felicitado por tus logros? Este abrazo íntimo y propio es indispensable para estar bien nutridos, para quitarnos las corazas, alejarnos del frío y trabajar el arte del amor propio acercándonos a la autenticidad.

A través de los autoabrazos nos abrimos a nosotros mismos, nos vinculamos desde adentro con el exterior y somos capaces de conmovernos. Es simple, si te abrazas, abrazas tu vida.

Así, podríamos decir que si nos abrazamos nos queremos y si nos queremos, nos reconocemos. Esta es la base de nuestra construcción, recogernos entre nuestros brazos para liberar nuestras emociones y acercarnos a lo bueno de la vida.

Porque gracias al traje del autoabrazo nos protegemos del falso amor, de la dependencia, de la idealización excesiva y de todo aquello que nos empobrece, nos debilita y derruye nuestra valentía y nuestra bondad.

Un abrazo que hace que las tristezas se vayan del cuerpo

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En muchos momentos de nuestra vida los achuchones son los que marcan la diferencia. Como se suele decir, a los ojos tristes hay que hacerles menos preguntas y darles más abrazos, pues a veces es todo lo que necesitamos.

Cuando una persona va a morir no se arrepiente de haber abrazado tanto, de haber querido a alguien o de haber transmitido energía y cariño. En esos momentos nos arrepentimos de haber descuidado a las personas que queremos, de haber trabajado tanto y de no haber ofrecido muestras de afecto y cariño cada día.

Esta es una gran lección, hay que abrazarse más, pues abrazar y recibir un abrazo en un momento de necesidad es la vitamina que nos energiza el cuerpo y la mente. Es algo de lo que nunca nos arrepentiremos.