¿Por qué te sientes hinchada? Combate la retención de líquidos

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Pautas de alimentación, hidratación, descanso y ejercicio que favorecen la eliminación de líquidos y la inflamación del cuerpo.

Una dieta desequilibrada o una vida excesivamente sedentaria pueden estar detrás de la retención de líquidos, aunque también los problemas de circulación o el estrés pueden favorecerla. Bolsas en los ojos, piernas hinchadas, pantalones que no abrochan o anillos que aprietan más de lo normal pueden ser signos físicos que confirmen esta problemática.

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La retención de líquidos afecta en mayor medida a las mujeres en etapas que tienen que ver con desajustes hormonales (menstruación, embarazo o menopausia).

Para combatir este problema existen algunas pautas de alimentación, hidratación, descanso y ejercicio que, según los expertos, favorecen la eliminación de líquidos.

1. Ni demasiada sal, ni demasiada azúcar. Evita consumir alimentos con grandes cantidades de sal como salazones, embutidos, salsas, aderezos, comidas precocinadas, palomitas y algunos quesos, especialmente el roquefort. Estamos hablando de reducir la cantidad de sal en tu día a día, no de eliminarla, pues la sal, si no existe ninguna patología asociada a su consumo, es necesaria para el organismo. Otra recomendación de los expertos es reducir también las comidas muy ricas en azúcares como postres, golosinas o fast food pues la glucosa en exceso arrastra el agua por ósmosis y favorece su retención.

2. Los productos frescos, los reyes de tu dieta. La nutricionista Irene Cañadas aconseja la inclusión de cinco raciones diarias de fruta y verdura y el consumo de hidratos de carbono bajos en sodio como la patata, el arroz, la avena y la soja. En cuanto a las proteínas, tras su ingesta el hígado produce una sustancia necesaria (albúmina) para que los fluidos no se acumulen, por lo que no debemos olvidarlas.

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3. ¿Hay que eliminar las grasas? El consumo de grasas saturadas en exceso favorecen la inflamación, en cambio las ricas en omega3 son antiinflamatorias, igualmente estarás mejorando tu salud cardiovascular. Así, no hay que eliminarlas sino priorizar el consumo de pescado azul, aceite de oliva, frutos secos y aguacate, por encima del consumo de bollería industrial, carnes grasas animales y mantecas.

4. La hidratación, la mejor aliada. Bebe dos litros de líquidos al día (2,5 litros, si se hace deporte). Si el organismo se siente hidratado, dejará que los líquidos retenidos sean eliminados. Eso sí, tampoco es aconsejable “pasarse”, pues si superas los cuatro litros diarios cabe la posibilidad de que retengas líquidos “por sobrecarga”. Si eliges agua mineral, recuerda revisar la composición del agua para que no sea rica en sodio.

5. Practica ejercicio regularmente. Según explican en el Instituto Médico Europeo de la Obesidad, el sistema linfático, encargado de eliminar el líquido retenido, está unido con el sistema cardiovascular, de modo que con el aumento de la frecuencia cardíaca aceleramos el proceso de eliminación de líquidos.

6. Reactiva la circulación. Hábitos sencillos como evitar las prendas demasiado ajustadas, terminar cada ducha con un chorro de agua fría en las piernas o masajearse a diario el cuerpo (bien con aceites nutritivos o bien con cremas con efecto drenante o vascular) en sentido ascendente pueden resultar útiles. Si pasas mucho tiempo sentada, recuerda levantarte cada hora para estirar las piernas. Y si trabajas de pie, utiliza medias de compresión decreciente de al menos 70 dim.

7. Aliados naturales. para contrarrestar el nivel de sodio del organismo y mantener el equilibrio de líquidos te resultarán útiles los alimentos que aporten potasio como los plátanos, el melón, la sandía, la ciruela, los aguacates, las alcachofas, el tomate, los berros, las acelgas y la calabaza. Además, las infusiones de diente de león, cola de caballo, té verde o la centella asiática te ayudarán a eliminar líquidos.

8. Tu descanso es sagrado. Mental y físico. Duerme un mínimo de ocho horas diarias. El estrés y la falta de sueño afectan pues elevas tus niveles de cortisol, lo que se traduce en retención de líquido, aumento de grasa abdominal y pérdida de masa muscular.